domingo, 8 de abril de 2012

Notas de amor (III)...


Tenía que salir corriendo de casa, había quedado a las 15:00h con un chico con el que llevaba un par de meses quedando. Era la primera vez en mucho tiempo que volvía a tener una cita y ya llegaba tarde. Él estaba ahí en la puerta del restaurante en el que habíamos quedado, Benjamin llevaba una camiseta blanca básica, un chaleco negro y unos pantalones del mismo color que el chaleco. Llevaba algo en la mano pero era incapaz de verlo. Me acerqué y le saludé dándole dos besos, Benjamin estaba nervioso, podía notarlo. De entre las manos sacó una preciosa margarita. Me sonrojé y me lancé a darle un abrazo. Me abrió la puerta de aquel restaurante y me ofreció pasar, le sonreí mientras olía aquella margarita. Comimos. No podía evitar sonrojarme cada vez que me miraba. Al terminar de comer, pedí a Benjamin que me esperase fuera del restaurante ya que tenía que ir al lavabo. Al salir del baño, le vi, me miraba desde la otra punta del restaurante. Estaba sentado solo en una mesa. Me saludó. Salí corriendo de ahí, estaba acelerada y cuando vi a Benjamin, mi corazón no redujo su velocidad. Benjamin me pregunto que era lo que me pasaba, le pedí por favor que nos marchásemos de ahí. El accedió encantado. En aquel instante no quería estar con él. Le mentí. Le dije que me tenía que ir a casa a llamar a mi madre. Nos despedimos y le dije que ya le llamaría. Salí corriendo de ahí. Al llegar a casa, me senté en el sofá y le recordé. No había ido a buscarle pero el vino a buscarme a mí, como podía haberlo hecho. Yo no le había ido a buscar porque era incapaz de verle. Siempre que miraba aquellos ojos oscuros, mi corazón se aceleraba y la temperatura de mi cuerpo aumentaba. Me despertó de los pensamientos, que alguien llamase a la puerta. Me coloqué bien el vestido y fui a abrir la puerta. Le vi. Intenté cerrarle la puerta pero él me lo impidió plantándome un beso. Me empujó hacia dentro y cerró la puerta. Le aparté y le dí una bofetada. Se puso su mano sobre la mejilla y mostró dolor. Me preguntó cual era el motivo por el que nunca le había ido a buscar. No le contesté. Me agarró por la barbilla y me volvió a hacer esa pregunta. Intenté contener las lagrimas pero no resultó. Él lo único que hizo al verme llorar fue abrazarme con fuerza. Yo también le abracé. Sus manos comenzaron a desabrocharme la cremallera del vestido. Se lo impedí, no quería hacer eso, no quería se un simple juguete. Fue como si él me leyese la mente diciéndome, que para el yo era más que un juguete. Me dí la vuelta, le daba la espalda esperaba que el entendiese que quería que se marchase pero en cambio, lo que hizo fue acercarse. Sus manos comenzaron a acariciar mis brazos, la piel se me puso de gallina. Él lo notó y me besó el cuello. Eso hizo que me girase bruscamente, posé mis manos sobre su pecho. Le dije que si quería podía pasar la noche en mi casa. Fui a mi cuarto y le saque unas mantas. Me miró extrañado y me preguntó donde iba a dormir. Yo le respondí que en el sofá, le dí las buenas noches y me metí en mi cuarto. Me quité el vestido y me quité el sujetador. Empecé a buscar en el armario un pijama. La puerta se abrió de sopetón y él se abalanzó sobre mí. Le empecé a aporrear y a chillar. Él me calló con un largo e intenso beso. Estaba en calzoncillos. Me tumbó sobre la cama y me agarró por los brazo, me fijé en sus fuertes brazos. Me empezó a besar a lo largo del cuello. Sus manos acariciaban mis pechos y bajaban a lo largo de mi cintura. Nos deshicimos de lo que quedaba de ropa interior.
Aquella noche fue maravillosa. Me levanté de la cama y me dí cuenta de que ya no estaba ahí. Pero vi  una camiseta y una nota. En la nota ponía:

“Ya sé que no te gusta esto pero dejo esta camiseta para la próxima noche que vuelva a buscarte y cuando vuelva, nunca nos separaremos, te lo prometo.”  Te Quiero.

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