sábado, 7 de abril de 2012

Notas de amor (II)....





Me puse lo más guapo posible. Busqué entre mi ropa unos pantalones negros, una camisa roja y unos tirantes negros con un chaleco. Tenía que encontrarla, sabía que solía ir a aquel descampado a descansar después de un duro día de trabajo. Cogí la moto  y me marché en su búsqueda. Eran las nueve de la noche cuando llegué y me puse a preparar una sorpresa. Ya eran las diez y no aparecía. Llegaron las once y seguía sin aparecer, me dí por vencido pero dudé al recordar que era un camino algo peligroso y sobretodo por la noche. Escuché algo a lo lejos y pude verla. Estaba preciosa, llevaba un fino vestido de color blanco, con una chaqueta negra y….estaba descalza. Cada vez que la veía me sorprendía más. Se guiaba con la luz de un pequeño candelabro que tenía. Llegó hasta donde estaba yo. Se sorprendió. Nos miramos durante un tiempo. No quería besarla, tenía miedo a hacerla daño. Su pelo era largo, marrón oscuro y estaba suelto.  Nos abrazamos con fuerza. La llevé agarrada de la mano hasta la sorpresa que le había preparado. Fue corriendo a sentarse al verlo, era un picnic con velas. Sabía que a ella le encantaban aquellos detalles a pesar de que negase que era una romántica.  De la cesta que tenía saqué la primera comida que comimos al conocernos, unos perritos calientes. Se le iluminaron los ojos y fue incapaz de soltar sonido alguno. Me besó en la mejilla, eso significaba que le había encantado la sorpresa. Comimos en silencio. La pasaba algo y no sabía que era. Tenía que saberlo, odiaba verla así. La agarré de las manos y la pregunté que la pasaba. Intentaba no mirarme a los ojos, lo único que hice fue acercar mis labios a los suyos y besarla. Llevaba algunos meses esperando para volverla a besar. Su mirada me dijo que ya se había calmado. Tenía un regalo que seguro que la haría reír. Saqué unas fresas con chocolate, sabía que le encantaban las típicas cosas que se hacen en las películas, así que no dudé en traerlas. Cogí una y la rebané en el chocolate, ella le dio un mordisco a la fresa. Tenía los morros manchados de chocolate, comencé a reírme y ella como venganza me agarró de los tirantes y los soltó.  Me hizo daño, así que no dudé en contra atacar. Me lancé hacia ella y empecé a hacerla cosquillas. Su pelo estaba revuelto y el vestido estaba algo rasgado, dejando su hombro al aire. No me resistí y se empecé a besar. Subí por el cuello hasta llegar a sus carnosos labios. Ella me frenó y me apartó de encima suya. Se levantó y dijo que teníamos que hablar. No entendía nada. Ella me dijo: “ He conocido a otro”. Mis ojos comenzaron a aguarse pero no quería quedar como el tonto que no se lleva a la chica y que encima se pone a llorar. Ella siguió: “ Pero….no quiero perderte, eres muy importante para mí pero no podré estar aquí esperando eternamente a que este juegecito termine”. No me lo podía creer, ella pensaba que yo estaba jugando con ella.  Me marché todo lo rápido que pude, estaba enfadado. La escuchaba diciendo que no me marchase, que ella me quería. Como me iba a querer si ya había conocido a otro. Cogí la moto, me dí cuenta de que me había dejado el casco pero no quería volver para verle la cara. En ese momento era incapaz de pensar. Me subí en ella y escuché el ruido de motor. La carretera estaba oscura pero se podía ver. A lo lejos vi unas luces de coche, iban directas hacia mí. Esquivé aquel coche y me giré para insultarle pero al ponerme otra vez en mi posición, perdí el control de la moto. Recuerdo unas luces amarillas y rojas. Abrí los ojos, estaba en una sala blanca y ahí estaba ella, con los ojos rojos y agarrándome de la mano.
Estuvo varios días conmigo ayudándome a que me recuperase. Cuando me dieron el alta ella no estaba pero había una nota. Me sacó una enorme sonrisa.


La nota: “ Mira el periódico el 25 de enero, en la sección de siempre, sabrás donde estoy pero esta vez te buscaré yo”
                            
  Te quiero

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