Me puse lo más guapo posible. Busqué entre
mi ropa unos pantalones negros, una camisa roja y unos tirantes negros con un
chaleco. Tenía que encontrarla, sabía que solía ir a aquel descampado a
descansar después de un duro día de trabajo. Cogí la moto y me marché en su búsqueda. Eran
las nueve de la noche cuando llegué y me puse a preparar una sorpresa. Ya eran
las diez y no aparecía. Llegaron las once y seguía sin aparecer, me dí por
vencido pero dudé al recordar que era un camino algo peligroso y sobretodo por
la noche. Escuché algo a lo lejos y pude verla. Estaba preciosa, llevaba un
fino vestido de color blanco, con una chaqueta negra y….estaba descalza. Cada
vez que la veía me sorprendía más. Se guiaba con la luz de un pequeño
candelabro que tenía. Llegó hasta donde estaba yo. Se sorprendió. Nos miramos
durante un tiempo. No quería besarla, tenía miedo a hacerla daño. Su pelo era
largo, marrón oscuro y estaba suelto. Nos abrazamos con fuerza. La llevé agarrada de
la mano hasta la sorpresa que le había preparado. Fue corriendo a sentarse al
verlo, era un picnic con velas. Sabía que a ella le encantaban aquellos
detalles a pesar de que negase que era una romántica. De la cesta que tenía saqué la primera comida que
comimos al conocernos, unos perritos calientes. Se le iluminaron los ojos y fue incapaz de soltar
sonido alguno. Me besó en la mejilla, eso significaba que le había encantado la
sorpresa. Comimos en silencio. La pasaba algo y no sabía que era. Tenía que
saberlo, odiaba verla así. La agarré de las manos y la pregunté que la pasaba.
Intentaba no mirarme a los ojos, lo único que hice fue acercar mis labios a los
suyos y besarla. Llevaba algunos meses esperando para volverla a besar. Su
mirada me dijo que ya se había calmado. Tenía un regalo que seguro que la haría
reír. Saqué unas fresas con chocolate, sabía que le
encantaban las típicas cosas que se hacen en las películas, así que no dudé en
traerlas. Cogí una y la rebané en el chocolate, ella le dio un mordisco a la
fresa. Tenía los morros manchados de chocolate, comencé a reírme y ella como
venganza me agarró de los tirantes y los soltó. Me hizo daño, así que no dudé en contra atacar. Me lancé hacia ella y empecé a
hacerla cosquillas. Su pelo estaba revuelto y el vestido estaba algo rasgado,
dejando su hombro al aire. No me resistí y se empecé a besar. Subí por el
cuello hasta llegar a sus carnosos labios. Ella me frenó y me apartó de encima
suya. Se levantó y dijo que teníamos que hablar. No entendía nada. Ella me
dijo: “ He conocido a otro”. Mis ojos comenzaron a aguarse pero no quería
quedar como el tonto que no se lleva a la chica y que encima se pone a llorar.
Ella siguió: “ Pero….no quiero perderte, eres muy importante para mí pero no
podré estar aquí esperando eternamente a que este juegecito termine”. No me lo
podía creer, ella pensaba que yo estaba jugando con ella. Me marché todo lo rápido que pude, estaba
enfadado. La escuchaba diciendo que no me marchase, que ella me quería. Como me
iba a querer si ya había conocido a otro. Cogí la moto, me dí cuenta de que me
había dejado el casco pero no quería volver para verle la cara. En ese momento
era incapaz de pensar. Me subí en ella y escuché el ruido de motor. La
carretera estaba oscura pero se podía ver. A lo lejos vi unas luces de coche,
iban directas hacia mí. Esquivé aquel coche y me giré para insultarle pero al
ponerme otra vez en mi posición, perdí el control de la moto. Recuerdo unas
luces amarillas y rojas. Abrí los ojos, estaba en una sala blanca y ahí estaba
ella, con los ojos rojos y agarrándome de la mano.
Estuvo varios días conmigo ayudándome a que
me recuperase. Cuando me dieron el alta ella no estaba pero había una nota. Me
sacó una enorme sonrisa.
La nota: “ Mira el periódico el 25 de enero,
en la sección de siempre, sabrás donde estoy pero esta vez te buscaré yo”
Te
quiero

No hay comentarios:
Publicar un comentario